5. LA GRATITUD
El agradecimiento surge cuando una persona se siente en deuda con otra porque le ha procurado algún bien, le ha prestado un servicio o le ha hecho algún regalo. La persona agradecida se alegra por los bienes recibidos, los reconocen y están dispuestas a corresponderles. No se trata de devolver favor con favor ni regalo con regalo, sino de sentir y expresar admiración y gratitud por las cualidades humanas de quienes nos honran con sus dones.
Cada uno tiene mucho que agradecer, y cuidar lo recibido es una forma de hacer evidente nuestro reconocimiento. Entre los bienes que más agradece el hombre se encuentra la vida, la salud, la amistad, la lealtad y la enseñanza de sus antecesores.
La gratitud y el reconocimiento son los mejores regalos que puede recibir una persona en cualquier época y lugar del mundo.
PARA SER AGRADECIDOS...
• Admitamos que necesitamos a los demás.
• Reconozcamos las obras de los otros.
• Incluyamos en nuestro lenguaje expresiones de agradecimiento.
• Aceptemos que muchas de las cosas buenas que tenemos se deben a lo que otras personas nos han dado: amor, protección, cuidados, talento, sabiduría.
EL LEÓN Y EL RATÓN
Luego de una dura jornada de caza el león se echó a descansar debajo de un árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, al más travieso le dio por esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte que lo despertó. Muy malhumorado, el león agarró al ratón entre sus garras.
¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, bicho miserable? ¡Voy a darte tu merecido! rugió abriendo de par en par sus enormes mandíbulas, dispuesto a engullirse al ratoncito de un mordisco.
Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas ir te estaré eternamente agradecido alcanzó a decir el pequeño roedor, tan tembloroso de miedo que al león le pareció cómico, y hasta simpático.
¡ja, ja, ja! se carcajeó de buena gana el león. ¡Una pequeña cosa como tú ayudándome! ¡no me hagas reír!
Pero la pequeñez de ratón y su miedo a ser comido lo conmovieron y terminó dejándolo ir. Semanas más tarde, el león cayó en la red de unos cazadores ilegales. Su rugido de angustia resonó por la selva entera y llegó a oídos del pequeño ratón, el cual, sin pensarlo dos veces, corrió en su ayuda. Al verlo el león le dijo:
Hola amiguito ¡qué alegría verte! mira la situación en que me encuentro. Pronto vendrán los cazadores y me matarán. No te preocupes, león. Tú me dejaste vivir, y eso es algo que no se olvida.
Apenas dijo esto, cortó con sus pequeños y afilados dientes el nudo de la red que apresaba al león y lo dejó libre.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
ayudaysuperacion@gmail.com
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miércoles, 1 de octubre de 2008
6. LA HONESTIDAD
6. LA HONESTIDAD
Cuando un ser humano es honesto se comporta de manera transparente con sus semejantes, es decir no oculta nada, y esto le da tranquilidad. Quien es honesto no toma nada ajeno, ni espiritual, ni material: es una persona honrada.
Cuando se está entre personas honestas cualquier proyecto humano se puede realizar y la confianza colectiva se transforma en una fuerza de gran valor. Ser honesto exige coraje para decir siempre la verdad y obrar en forma recta y clara.
PARA SER HONESTOS...
• Hay que conocerse a si mismo.
• Expresemos sin temor lo que sentimos o pensamos.
• No perdamos nunca de vista la verdad.
• Luchemos por lo que queremos jugando limpio.
EL PROBLEMA DEL SULTÁN
Decepcionado por no encontrar un recaudador de impuestos de confianza, un sultán se quejó ante el más sabio de sus consejeros.
-¡No puedo creer que no haya un solo hombre honrado en todo este reino! ¿Qué vamos a hacer? -veamos, alteza… se me ocurre una cosa –dijo el consejero.
-¿Qué puede ser? –Preguntó el sultán, ansioso- se trata de un problema muy serio –añadió.
-No os preocupéis. Simplemente anunciad que un nuevo recaudador es requerido en palacio. Yo me encargo del resto.
Al día siguiente del anuncio, un buen número de aspirantes a sultán, gordos, flacos, altos o bajos, todos lucían trajes elaborados y costosos y se paseaban con arrogancia por el salón.
Un hombre sencillo y vestido pobremente atrajo la atención de los presentes.
Este pobre hombre está loco –se burlaban-, el sultán nunca escogería a alguien como él para un cargo tan importante.
¡Atención, señores! dijo de pronto el consejero. El sultán os recibirá en seguida. Yo os indicaré el camino y los hizo entrar uno por uno a un corredor oscuro y estrecho por el que tenían que avanzar a tientas para llegar donde se encontraba el soberano. Una vez que estuvieron todos reunidos ante el sultán, éste le preguntó a su consejero,¿y ahora qué hago?. Pedidles que bailen-. Así lo hizo el sultán, un tanto extrañado por un pedido semejante. Los hombres bailaron con gran pesadez y lentitud, sin poder despegar los pies del suelo.
¡Qué bailarines más torpes! ¡parece que tuvieran los vestido llenos de piedras! exclamó el sultán.
El único que bailaba con agilidad era el hombre pobre.
Ahí tenéis a vuestro recaudador –dijo el consejero señalándolo.
Esparcí por el corredor monedas, billetes, joyas y objetos de valor y él fue el único que no se llenó los bolsillos con todo lo que encontró.
El sultán había dado por fin con un hombre honrado.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
ayudaysuperacion@gmail.com
Cuando un ser humano es honesto se comporta de manera transparente con sus semejantes, es decir no oculta nada, y esto le da tranquilidad. Quien es honesto no toma nada ajeno, ni espiritual, ni material: es una persona honrada.
Cuando se está entre personas honestas cualquier proyecto humano se puede realizar y la confianza colectiva se transforma en una fuerza de gran valor. Ser honesto exige coraje para decir siempre la verdad y obrar en forma recta y clara.
PARA SER HONESTOS...
• Hay que conocerse a si mismo.
• Expresemos sin temor lo que sentimos o pensamos.
• No perdamos nunca de vista la verdad.
• Luchemos por lo que queremos jugando limpio.
EL PROBLEMA DEL SULTÁN
Decepcionado por no encontrar un recaudador de impuestos de confianza, un sultán se quejó ante el más sabio de sus consejeros.
-¡No puedo creer que no haya un solo hombre honrado en todo este reino! ¿Qué vamos a hacer? -veamos, alteza… se me ocurre una cosa –dijo el consejero.
-¿Qué puede ser? –Preguntó el sultán, ansioso- se trata de un problema muy serio –añadió.
-No os preocupéis. Simplemente anunciad que un nuevo recaudador es requerido en palacio. Yo me encargo del resto.
Al día siguiente del anuncio, un buen número de aspirantes a sultán, gordos, flacos, altos o bajos, todos lucían trajes elaborados y costosos y se paseaban con arrogancia por el salón.
Un hombre sencillo y vestido pobremente atrajo la atención de los presentes.
Este pobre hombre está loco –se burlaban-, el sultán nunca escogería a alguien como él para un cargo tan importante.
¡Atención, señores! dijo de pronto el consejero. El sultán os recibirá en seguida. Yo os indicaré el camino y los hizo entrar uno por uno a un corredor oscuro y estrecho por el que tenían que avanzar a tientas para llegar donde se encontraba el soberano. Una vez que estuvieron todos reunidos ante el sultán, éste le preguntó a su consejero,¿y ahora qué hago?. Pedidles que bailen-. Así lo hizo el sultán, un tanto extrañado por un pedido semejante. Los hombres bailaron con gran pesadez y lentitud, sin poder despegar los pies del suelo.
¡Qué bailarines más torpes! ¡parece que tuvieran los vestido llenos de piedras! exclamó el sultán.
El único que bailaba con agilidad era el hombre pobre.
Ahí tenéis a vuestro recaudador –dijo el consejero señalándolo.
Esparcí por el corredor monedas, billetes, joyas y objetos de valor y él fue el único que no se llenó los bolsillos con todo lo que encontró.
El sultán había dado por fin con un hombre honrado.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
ayudaysuperacion@gmail.com
7. LA HUMILDAD
7. LA HUMILDAD
La humildad es la conciencia que tenemos acerca de lo que somos, de nuestras fortalezas y debilidades como seres humanos, y que nos impide por lo tanto creernos superiores a los demás. Los que son humildes no se sobreestiman ni maltratan a los menos favorecidos desde el punto de vista social, económico o de educación.
Saben mas que nadie que esto se debe a las desigualdades de nuestras sociedades y que la suerte de haber nacido en un hogar con más oportunidades que otros no les da derecho a creerse superiores ni mejores que aquellos que no tuvieron fortuna.
PARA SER HUMILDES...
• No permitamos que “se nos suban los humos” cuando obtengamos algún triunfo, premio o distinción en nuestro estudio o nuestro trabajo. La inmensa satisfacción que ello representa es el premio en sí mismo, y no da para que nos creamos superiores al resto del género humano.
EL PERDIZ VANIDOSO Y LA TORTUGA MODESTA
El perdiz y la tortuga vivían en el mismo rincón de una inmensa llanura de África pero casi nunca hablaban. Poco se encontraban frente a frente porque el ave, vanidoso y arrogante, nunca se dignaba bajar de las ramas de los árboles o interrumpir su vuelo para entablar una conversación con la tortuga. Ni siquiera la saludaba desde arriba, sólo la miraba despectivamente.
Un día, el perdiz descendió al suelo a picotear unas semillas y justo en ese instante la tortuga pasaba caminando lentamente por ahí.
-Hermana tortuga –le dijo el perdiz-, ¿no te da vergüenza ir siempre tan despacio? ¿No te da envidia verme a mí, tan bien dotado, mucho mejor que tú?¿No te causa celos ver cómo vuelo y cómo corro, cosas que tú no puedes hacer de ningún modo?
-No –repuso lentamente la tortuga-. Pienso que dichoso tú, que puedes acabar en una carrera un camino que me lleva todo un día a mí. Pero no te envidio.
Mi lentitud también tiene sus ventajas.
-¡Bobadas!- contestó despreciativamente el perdiz-.
Eso lo dices por decir. ¿Qué ventajas puede tener ser lento y pesado? Eres esclava de tu caparazón, estás condenada a andar siempre por lo bajo y ni siquiera puedes correr.
Yo en cambio soy libre, todo me favorece.
Poco tiempo después, lo cazadores de una lejana aldea prendieron fuego a la vegetación de llanura para hacer salir a los animales y así poderlos cazarlos fácilmente. Las llamas crecieron muy altas, se expandieron con rapidez y se acercaban al rincón en donde vivían el perdiz y la tortuga. El perdiz no hacía más que vanagloriarse de que podría salvarse de las llamas volando a gran altura y se reía de la tortuga.
-Te vas a asar, el fuego correrá más rápido que tus cortas patas y te alcanzará –le gritaba la perdiz a la tortuga desde lo alto.
Cuando las llamas llegaron, la tortuga, para protegerse, se escondió en un hoyo que había dejado la pata de un hipopótamo en el suelo y se metió dentro de su caparazón, de manera que nada le ocurrió. En cambio el perdiz quiso lucirse y hacer gala de sus dotes, y se preparó para emprender el vuelo, pero el humo era tan denso que tan pronto abrió sus alas se asfixió y cayó en medio del fuego.
Cuando todo pasó, la tortuga salió de su escondite sana y salva y preguntó por el perdiz, extrañada de no ver haciendo alarde de cómo logró salvarse del fuego gracias a su rapidez y habilidad.
Al enterarse de lo que había sucedido, lamentó que esos dotes de los que se sentía tan orgulloso, no hubieran ayudado al pobre perdiz a escapar del fuego.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
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La humildad es la conciencia que tenemos acerca de lo que somos, de nuestras fortalezas y debilidades como seres humanos, y que nos impide por lo tanto creernos superiores a los demás. Los que son humildes no se sobreestiman ni maltratan a los menos favorecidos desde el punto de vista social, económico o de educación.
Saben mas que nadie que esto se debe a las desigualdades de nuestras sociedades y que la suerte de haber nacido en un hogar con más oportunidades que otros no les da derecho a creerse superiores ni mejores que aquellos que no tuvieron fortuna.
PARA SER HUMILDES...
• No permitamos que “se nos suban los humos” cuando obtengamos algún triunfo, premio o distinción en nuestro estudio o nuestro trabajo. La inmensa satisfacción que ello representa es el premio en sí mismo, y no da para que nos creamos superiores al resto del género humano.
EL PERDIZ VANIDOSO Y LA TORTUGA MODESTA
El perdiz y la tortuga vivían en el mismo rincón de una inmensa llanura de África pero casi nunca hablaban. Poco se encontraban frente a frente porque el ave, vanidoso y arrogante, nunca se dignaba bajar de las ramas de los árboles o interrumpir su vuelo para entablar una conversación con la tortuga. Ni siquiera la saludaba desde arriba, sólo la miraba despectivamente.
Un día, el perdiz descendió al suelo a picotear unas semillas y justo en ese instante la tortuga pasaba caminando lentamente por ahí.
-Hermana tortuga –le dijo el perdiz-, ¿no te da vergüenza ir siempre tan despacio? ¿No te da envidia verme a mí, tan bien dotado, mucho mejor que tú?¿No te causa celos ver cómo vuelo y cómo corro, cosas que tú no puedes hacer de ningún modo?
-No –repuso lentamente la tortuga-. Pienso que dichoso tú, que puedes acabar en una carrera un camino que me lleva todo un día a mí. Pero no te envidio.
Mi lentitud también tiene sus ventajas.
-¡Bobadas!- contestó despreciativamente el perdiz-.
Eso lo dices por decir. ¿Qué ventajas puede tener ser lento y pesado? Eres esclava de tu caparazón, estás condenada a andar siempre por lo bajo y ni siquiera puedes correr.
Yo en cambio soy libre, todo me favorece.
Poco tiempo después, lo cazadores de una lejana aldea prendieron fuego a la vegetación de llanura para hacer salir a los animales y así poderlos cazarlos fácilmente. Las llamas crecieron muy altas, se expandieron con rapidez y se acercaban al rincón en donde vivían el perdiz y la tortuga. El perdiz no hacía más que vanagloriarse de que podría salvarse de las llamas volando a gran altura y se reía de la tortuga.
-Te vas a asar, el fuego correrá más rápido que tus cortas patas y te alcanzará –le gritaba la perdiz a la tortuga desde lo alto.
Cuando las llamas llegaron, la tortuga, para protegerse, se escondió en un hoyo que había dejado la pata de un hipopótamo en el suelo y se metió dentro de su caparazón, de manera que nada le ocurrió. En cambio el perdiz quiso lucirse y hacer gala de sus dotes, y se preparó para emprender el vuelo, pero el humo era tan denso que tan pronto abrió sus alas se asfixió y cayó en medio del fuego.
Cuando todo pasó, la tortuga salió de su escondite sana y salva y preguntó por el perdiz, extrañada de no ver haciendo alarde de cómo logró salvarse del fuego gracias a su rapidez y habilidad.
Al enterarse de lo que había sucedido, lamentó que esos dotes de los que se sentía tan orgulloso, no hubieran ayudado al pobre perdiz a escapar del fuego.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
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8. LA JUSTICIA
8. LA JUSTICIA
Seguramente oíste hablar muchas veces de la justicia. Sabes que hay cosas justas y cosas injustas.
La justicia consiste en conocer, respetar y hacer valer los derechos de las personas. Honrar a los que han sido buenos con nosotros, dar el debido salario a un trabajador, reconocer los méritos de un buen estudiante o un abnegado colaborador son, entre otros, actos de justicia, porque dan a cada cual lo que merece y lo necesita para desarrollarse plenamente y vivir con dignidad. Así como ser justos implica reconocer, aplaudir y fomentar las buenas acciones y las buenas causas, también implica condenar todos aquellos comportamientos que hacen daño a los individuos o a la sociedad y velar por que los responsables sean debidamente castigados por las autoridades correspondientes.
PARA SER JUSTOS...
• Desarrollemos nuestro sentido de lo que está bien y de lo que está mal.
• Seamos honestos, rectos y, sobre todo, compasivos y humanos.
• No permitamos que se cometan atropellos contra nosotros mismos ni contra los demás.
• Protestemos con energía y denunciemos los abusos y los crímenes, vengan de donde vengan.
EL CUERVO VANIDOSO
Un día Júpiter decidió elegir un rey entre las aves y ordenó que comparecieran todas ante él, para decidir cuál era la más bella.
Un cuervo poco agraciado y ciegamente vanidoso, se propuso alzarse con el título a como diera lugar. Lo primero que pensó fue en sacar de la competencia a los candidatos más opcionados, como el papagayo, el pavo real, el guacamayo y el ave del paraíso.
«Si le robo los huevos de sus nidos el día de la elección, los mantendré ocupados, buscándolos y no podrán asistir, ¡eso es!!», pensó riéndose con su chillido característico.
Pasó varios días acechando los nidos de sus rivales, mientras diseñaba su plan. Cuando puso patas y pico a las obras. Lo que no calculó fue que los huevos de estos pájaros eran muy grandes que ni siquiera podía levantarlos, «¿qué voy a hacer ahora?», graznó contrariado, mientras picoteaba con rabia un puñado de plumas de papagayo. ¡ Ya sé ¡ exclamó con un chillido de júbilo. Voy a robarme las mejores plumas de todos los nidos y me las voy a poner entre las mías, así no puedo perder.
El día del concurso, Júpiter hizo desfilar a los pájaros, y al ver el espectacular atavío del cuervo lo declaró rey.
Terriblemente enfadados al descubrir que el plumaje del ganador era robado los demás pájaros se lanzaron sobre él y le quitaron una a una las plumas con las que había pretendido engañar a todos.
Júpiter, decepcionado, lo despejó de inmediato del título, no sin recalcarle que la justicia se había impuesto y el mismo se había buscado lo que acababa de pasar.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
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Seguramente oíste hablar muchas veces de la justicia. Sabes que hay cosas justas y cosas injustas.
La justicia consiste en conocer, respetar y hacer valer los derechos de las personas. Honrar a los que han sido buenos con nosotros, dar el debido salario a un trabajador, reconocer los méritos de un buen estudiante o un abnegado colaborador son, entre otros, actos de justicia, porque dan a cada cual lo que merece y lo necesita para desarrollarse plenamente y vivir con dignidad. Así como ser justos implica reconocer, aplaudir y fomentar las buenas acciones y las buenas causas, también implica condenar todos aquellos comportamientos que hacen daño a los individuos o a la sociedad y velar por que los responsables sean debidamente castigados por las autoridades correspondientes.
PARA SER JUSTOS...
• Desarrollemos nuestro sentido de lo que está bien y de lo que está mal.
• Seamos honestos, rectos y, sobre todo, compasivos y humanos.
• No permitamos que se cometan atropellos contra nosotros mismos ni contra los demás.
• Protestemos con energía y denunciemos los abusos y los crímenes, vengan de donde vengan.
EL CUERVO VANIDOSO
Un día Júpiter decidió elegir un rey entre las aves y ordenó que comparecieran todas ante él, para decidir cuál era la más bella.
Un cuervo poco agraciado y ciegamente vanidoso, se propuso alzarse con el título a como diera lugar. Lo primero que pensó fue en sacar de la competencia a los candidatos más opcionados, como el papagayo, el pavo real, el guacamayo y el ave del paraíso.
«Si le robo los huevos de sus nidos el día de la elección, los mantendré ocupados, buscándolos y no podrán asistir, ¡eso es!!», pensó riéndose con su chillido característico.
Pasó varios días acechando los nidos de sus rivales, mientras diseñaba su plan. Cuando puso patas y pico a las obras. Lo que no calculó fue que los huevos de estos pájaros eran muy grandes que ni siquiera podía levantarlos, «¿qué voy a hacer ahora?», graznó contrariado, mientras picoteaba con rabia un puñado de plumas de papagayo. ¡ Ya sé ¡ exclamó con un chillido de júbilo. Voy a robarme las mejores plumas de todos los nidos y me las voy a poner entre las mías, así no puedo perder.
El día del concurso, Júpiter hizo desfilar a los pájaros, y al ver el espectacular atavío del cuervo lo declaró rey.
Terriblemente enfadados al descubrir que el plumaje del ganador era robado los demás pájaros se lanzaron sobre él y le quitaron una a una las plumas con las que había pretendido engañar a todos.
Júpiter, decepcionado, lo despejó de inmediato del título, no sin recalcarle que la justicia se había impuesto y el mismo se había buscado lo que acababa de pasar.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
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9. LA LABORIOSIDAD
9. LA LABORIOSIDAD
Llamamos trabajo al esfuerzo que hacemos para conseguir algo por nosotros mismos o con la ayuda de los demás. Gracias al trabajo podemos hacer realidad algo que teníamos en mente, arreglar algo que no funcionaba, corregir algo que estaba mal o crear algo que antes no existía.
Son muchas las cosas que podemos lograr por medio del trabajo. Se trata de una fuerza con un gran poder de transformación, que ha llevado a la humildad a los más altos niveles de desarrollo y civilización.
PARA SER BUENOS TRABAJADORES...
•Procuremos ver en nuestro trabajo algo más que la actividad con lo que nos ganamos la vida.
•Recordemos que no hay trabajos indignos. La dignidad o indignidad de un trabajo depende de nuestra actitud hacia él.
LOS TRES CERDITOS
Una familia de cerditos era tan pobre que la mamá no tuvo más remedio que enviar a sus tres hijos por el mundo en busca de fortuna. Cada uno tomó un camino distinto.
Luego de andar un buen rato, el primero de los cerditos encontró un hombre que llevaba un haz de paja a la espalda.
¿Me harías el favor de regalarme un poco de paja? le pidió el cerdito muy amablemente. Necesito construirme una casa para vivir.
El hombre le dio la paja y el cerdito se construyó una choza.
Al rato alguien llamó a la puerta. Era el lobo.
¿Quién es? preguntó el cerdito.
Soy yo, cerdito, déjame entrar respondió el lobo en voz melosa.
¡Ni te lo sueñes!
En ese caso soplaré hasta derribar tu casa. El lobo sopló con tal fuerza que el rancho de paja del cerdito cayó al suelo y el cerdito tuvo que correr para salvar su vida.
Mientras esto ocurría el segundo cerdito había construido una casa de madera con unas tablas que le había regalado un leñador. Acababa de terminarla cuando llegó corriendo el primer cerdito gritando:
El lobo tumbó mi casa de paja y estuvo a punto de devorarme, rápido entremos a tu casa que allí estaremos a salvo.
A los pocos minutos llegó el lobo y llamó a la puerta. Hola cerditos, déjenme entrar. ¡Ni te lo sueñes! contestaron los dos cerditos.
Entonces soplaré y soplaré hasta derivar esta casucha de palo, gritó el lobo furioso y sopló con tal fuerza que la casa del segundo cerdito no tardó en venirse abajo, obligando a sus dos ocupantes a correr despavoridos en busca de refugio. Entre tanto el tercer cerdito estaba construyendo su casa de ladrillos, cuando llegaron sus dos hermanos con la lengua afuera.
¡El lobo tumbó nuestras casas y nos viene persiguiendo!
Exclamaron, completamente asustados.
¡Rápido, ayúdenme a terminar esta casa! les ordenó el tercer cerdito, y de inmediato se pusieron a trabajar. Cuando la casa estuvo lista, se metieron dentro.
El lobo no tardó en llegar. Estaba más hambriento que nunca, y con la voz más
suave y fingida posible, les dijo:
Déjenme entrar, cerditos, les traigo una gran noticia.
¡Ni te lo sueñes! contestaron los cerditos.
Entonces derribaré su miserable casa con mis resoplidos, rugió el lobo furioso. Pero por más que sopló la casita de ladrillos de los cerditos no cayó.
Enloquecido, el lobo se metió por la chimenea y cayó justo en la olla de la sopa que preparaban los cerditos para la cena y allí se cocinó.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
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Llamamos trabajo al esfuerzo que hacemos para conseguir algo por nosotros mismos o con la ayuda de los demás. Gracias al trabajo podemos hacer realidad algo que teníamos en mente, arreglar algo que no funcionaba, corregir algo que estaba mal o crear algo que antes no existía.
Son muchas las cosas que podemos lograr por medio del trabajo. Se trata de una fuerza con un gran poder de transformación, que ha llevado a la humildad a los más altos niveles de desarrollo y civilización.
PARA SER BUENOS TRABAJADORES...
•Procuremos ver en nuestro trabajo algo más que la actividad con lo que nos ganamos la vida.
•Recordemos que no hay trabajos indignos. La dignidad o indignidad de un trabajo depende de nuestra actitud hacia él.
LOS TRES CERDITOS
Una familia de cerditos era tan pobre que la mamá no tuvo más remedio que enviar a sus tres hijos por el mundo en busca de fortuna. Cada uno tomó un camino distinto.
Luego de andar un buen rato, el primero de los cerditos encontró un hombre que llevaba un haz de paja a la espalda.
¿Me harías el favor de regalarme un poco de paja? le pidió el cerdito muy amablemente. Necesito construirme una casa para vivir.
El hombre le dio la paja y el cerdito se construyó una choza.
Al rato alguien llamó a la puerta. Era el lobo.
¿Quién es? preguntó el cerdito.
Soy yo, cerdito, déjame entrar respondió el lobo en voz melosa.
¡Ni te lo sueñes!
En ese caso soplaré hasta derribar tu casa. El lobo sopló con tal fuerza que el rancho de paja del cerdito cayó al suelo y el cerdito tuvo que correr para salvar su vida.
Mientras esto ocurría el segundo cerdito había construido una casa de madera con unas tablas que le había regalado un leñador. Acababa de terminarla cuando llegó corriendo el primer cerdito gritando:
El lobo tumbó mi casa de paja y estuvo a punto de devorarme, rápido entremos a tu casa que allí estaremos a salvo.
A los pocos minutos llegó el lobo y llamó a la puerta. Hola cerditos, déjenme entrar. ¡Ni te lo sueñes! contestaron los dos cerditos.
Entonces soplaré y soplaré hasta derivar esta casucha de palo, gritó el lobo furioso y sopló con tal fuerza que la casa del segundo cerdito no tardó en venirse abajo, obligando a sus dos ocupantes a correr despavoridos en busca de refugio. Entre tanto el tercer cerdito estaba construyendo su casa de ladrillos, cuando llegaron sus dos hermanos con la lengua afuera.
¡El lobo tumbó nuestras casas y nos viene persiguiendo!
Exclamaron, completamente asustados.
¡Rápido, ayúdenme a terminar esta casa! les ordenó el tercer cerdito, y de inmediato se pusieron a trabajar. Cuando la casa estuvo lista, se metieron dentro.
El lobo no tardó en llegar. Estaba más hambriento que nunca, y con la voz más
suave y fingida posible, les dijo:
Déjenme entrar, cerditos, les traigo una gran noticia.
¡Ni te lo sueñes! contestaron los cerditos.
Entonces derribaré su miserable casa con mis resoplidos, rugió el lobo furioso. Pero por más que sopló la casita de ladrillos de los cerditos no cayó.
Enloquecido, el lobo se metió por la chimenea y cayó justo en la olla de la sopa que preparaban los cerditos para la cena y allí se cocinó.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
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10. LA LEALTAD
10. LA LEALTAD
La lealtad tiene que ver con el sentimiento de apego, fidelidad y respeto que nos inspiran las personas a las que queremos o las ideas con las que nos identificamos. Los que son leales poseen un alto sentido del compromiso y ello les permite ser constantes en sus afectos y cumplidores de su palabra. Hay muchas cosas que inspiran lealtad y la merecen. Los seres queridos, los amigos sinceros, la pareja amorosa con la que se comparte la vida, la institución en la que se estudia o trabaja y la patria a la que se pertenece, se cuentan entre las más importantes.
PARA SER LEALES...
•Respetemos y correspondamos a las personas que nos quieren y son buenas con nosotras.
•No abandonemos a nuestros amigos en los momentos difíciles, ni nos dejemos tentar por quienes nos invitan a traicionarlos a cambio de dinero, poder u oferta parecida.
•Seamos fieles a nosotros mismos y a nuestras ideas.
LOS DOS AMIGOS Y EL OSO
A dos amigos se le aparece un oso:
El uno, muy medroso, se asegura en las ramas de un árbol; el otro, abandonado a la aventura, se finge muerto repentinamente.
El oso se le acerca lentamente; mas como este animal, según se cuenta que de cadáveres nunca se alimenta, sin ofenderlo lo registra y toca.
Huéle la nariz y la boca, no le siente el aliento ni el menor movimiento, y así se fue diciendo sin recelo: -¡Este tan muerto está como mi abuelo!
Entonces el cobarde, haciendo alarde de su gran amistad se desprende del árbol muy ligero; corre, llega y abraza al compañero.
Pondera la fortuna de haberle hallado sin lesión alguna y al fin le dice: -¿Sabes que he notado que el oso te decía algún recado?¿Qué pudo ser? -Te diré lo que ha sido: estas dos palabritas al oído:
Aparta la amistad de la persona, que si te ve en riesgo, te abandona.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
ayudaysuperacion@gmail.com
La lealtad tiene que ver con el sentimiento de apego, fidelidad y respeto que nos inspiran las personas a las que queremos o las ideas con las que nos identificamos. Los que son leales poseen un alto sentido del compromiso y ello les permite ser constantes en sus afectos y cumplidores de su palabra. Hay muchas cosas que inspiran lealtad y la merecen. Los seres queridos, los amigos sinceros, la pareja amorosa con la que se comparte la vida, la institución en la que se estudia o trabaja y la patria a la que se pertenece, se cuentan entre las más importantes.
PARA SER LEALES...
•Respetemos y correspondamos a las personas que nos quieren y son buenas con nosotras.
•No abandonemos a nuestros amigos en los momentos difíciles, ni nos dejemos tentar por quienes nos invitan a traicionarlos a cambio de dinero, poder u oferta parecida.
•Seamos fieles a nosotros mismos y a nuestras ideas.
LOS DOS AMIGOS Y EL OSO
A dos amigos se le aparece un oso:
El uno, muy medroso, se asegura en las ramas de un árbol; el otro, abandonado a la aventura, se finge muerto repentinamente.
El oso se le acerca lentamente; mas como este animal, según se cuenta que de cadáveres nunca se alimenta, sin ofenderlo lo registra y toca.
Huéle la nariz y la boca, no le siente el aliento ni el menor movimiento, y así se fue diciendo sin recelo: -¡Este tan muerto está como mi abuelo!
Entonces el cobarde, haciendo alarde de su gran amistad se desprende del árbol muy ligero; corre, llega y abraza al compañero.
Pondera la fortuna de haberle hallado sin lesión alguna y al fin le dice: -¿Sabes que he notado que el oso te decía algún recado?¿Qué pudo ser? -Te diré lo que ha sido: estas dos palabritas al oído:
Aparta la amistad de la persona, que si te ve en riesgo, te abandona.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
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11. LA LIBERTAD
11. LA LIBERTAD
La libertad es la posibilidad que tenemos de decidir por nosotros mismos cómo actuar en las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida. El que es libre elige, entre determinadas opciones, la o las que le parecen mejores o más convenientes, tanto para su bienestar como para el de los demás o el de la sociedad en general. Las personas libres piensan muy bien lo que van a hacer antes de decidirse a actuar de una o otra manera, pues saben que la libertad no es sinónimo de hacer " lo que se nos dé la gana", y que la mayoría de nuestros actos tienen consecuencias buenas o malas según el grado de responsabilidad con el que actuemos.
En todos los idiomas, libertad es, tal vez, la palabra más hermosa y la más querida por todos los hombres.
Ella vive en nuestro corazón y en todas las decisiones que tomamos, desde la más pequeña hasta la más importante.
Por eso, por ser la facultad más preciosa del hombre, tal vez sea la que mayor responsabilidad nos exige.
Somos responsables de ejercer nuestra propia libertad. Desde que somos niños nos vamos ejercitando en ella, cuando pensamos y actuamos, hasta que somos adultos y gozamos plenamente de todos nuestros derechos, gracias a los cuales la libertad es posible.
PARA SER LIBRES...
• Participemos activamente, mediante el voto (si se trata de elegir gobernantes) o la expresión de nuestras ideas en la toma de decisiones que afecten nuestra vida personal, familiar o social.
• Defendamos nuestra privacidad.
• No aceptemos presiones de nadie para hacer algo que no queremos o con lo que no estamos de acuerdo.
• Forjémonos una personalidad propia mediante el cultivo de la honradez, la sinceridad, la reflexión y la independencia de criterio.
EL LOBO Y EL PERRO
Un lobo caminaba por el monte, mal trecho y con hambre.
La temporada de casa había estado bastante mala, y lo peor era que no parecía que fuera a mejorar. Presa del desconsuelo y la incertidumbre, el lobo avanzaba con dificultad, peguntándose que podría hacer. En el camino se encontró de pronto con uno de aquellos perros que cuidaban los rebaños. La primera idea que cruzó por su mente fue atacarlo, pero se contuvo, pensando en lo débil que estaba y en lo fuerte y saludable que se veía el otro. De manera que prefirió acercársele y conversar con él en son de paz.
¡Que bien te ves, permíteme felicitarte! le dijo el lobo al perro. La verdad que no me puedo quejar contestó el obeso ovejero, a mí no me va tan bien confesó el lobo.
Deberías venirte a vivir con los humanos le propuso el perro. Con ellos, la vivienda está asegurada y no hace falta esforzarse mucho. Solo hay que estar pendiente de las ovejas, ladrarles de vez en cuando a los forasteros y lamerle la mano al amo cuando nos llame a su lado. En cuanto a la comida, con las sobras que depositan en nuestros platos nos basta.
Al lobo todo esto le pareció muy bien y acompañó al perro hasta su casa. Al llegar, vio cómo lo castigaban por haber estado ausente y enseguida lo amarraban con una cadena a la entrada de una casa diminuta.
¿Y esto qué significa? preguntó el lobo desde el exterior de la verja.
Ah, no es nada respondió el perro. Todo el día permanecemos amarrados, porque a los amos les gusta tenernos siempre cerca para que les cuidemos sus cosas. Es lo más normal del mundo. Pues a mí no me parece dijo el lobo. Prefiero mi forma de vida, no tendré todas esas comodidades ni estaré tan bien alimentado, pero al menos soy libre.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
Que Dios te bendiga.
ayudaysuperacion@gmail.com
La libertad es la posibilidad que tenemos de decidir por nosotros mismos cómo actuar en las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida. El que es libre elige, entre determinadas opciones, la o las que le parecen mejores o más convenientes, tanto para su bienestar como para el de los demás o el de la sociedad en general. Las personas libres piensan muy bien lo que van a hacer antes de decidirse a actuar de una o otra manera, pues saben que la libertad no es sinónimo de hacer " lo que se nos dé la gana", y que la mayoría de nuestros actos tienen consecuencias buenas o malas según el grado de responsabilidad con el que actuemos.
En todos los idiomas, libertad es, tal vez, la palabra más hermosa y la más querida por todos los hombres.
Ella vive en nuestro corazón y en todas las decisiones que tomamos, desde la más pequeña hasta la más importante.
Por eso, por ser la facultad más preciosa del hombre, tal vez sea la que mayor responsabilidad nos exige.
Somos responsables de ejercer nuestra propia libertad. Desde que somos niños nos vamos ejercitando en ella, cuando pensamos y actuamos, hasta que somos adultos y gozamos plenamente de todos nuestros derechos, gracias a los cuales la libertad es posible.
PARA SER LIBRES...
• Participemos activamente, mediante el voto (si se trata de elegir gobernantes) o la expresión de nuestras ideas en la toma de decisiones que afecten nuestra vida personal, familiar o social.
• Defendamos nuestra privacidad.
• No aceptemos presiones de nadie para hacer algo que no queremos o con lo que no estamos de acuerdo.
• Forjémonos una personalidad propia mediante el cultivo de la honradez, la sinceridad, la reflexión y la independencia de criterio.
EL LOBO Y EL PERRO
Un lobo caminaba por el monte, mal trecho y con hambre.
La temporada de casa había estado bastante mala, y lo peor era que no parecía que fuera a mejorar. Presa del desconsuelo y la incertidumbre, el lobo avanzaba con dificultad, peguntándose que podría hacer. En el camino se encontró de pronto con uno de aquellos perros que cuidaban los rebaños. La primera idea que cruzó por su mente fue atacarlo, pero se contuvo, pensando en lo débil que estaba y en lo fuerte y saludable que se veía el otro. De manera que prefirió acercársele y conversar con él en son de paz.
¡Que bien te ves, permíteme felicitarte! le dijo el lobo al perro. La verdad que no me puedo quejar contestó el obeso ovejero, a mí no me va tan bien confesó el lobo.
Deberías venirte a vivir con los humanos le propuso el perro. Con ellos, la vivienda está asegurada y no hace falta esforzarse mucho. Solo hay que estar pendiente de las ovejas, ladrarles de vez en cuando a los forasteros y lamerle la mano al amo cuando nos llame a su lado. En cuanto a la comida, con las sobras que depositan en nuestros platos nos basta.
Al lobo todo esto le pareció muy bien y acompañó al perro hasta su casa. Al llegar, vio cómo lo castigaban por haber estado ausente y enseguida lo amarraban con una cadena a la entrada de una casa diminuta.
¿Y esto qué significa? preguntó el lobo desde el exterior de la verja.
Ah, no es nada respondió el perro. Todo el día permanecemos amarrados, porque a los amos les gusta tenernos siempre cerca para que les cuidemos sus cosas. Es lo más normal del mundo. Pues a mí no me parece dijo el lobo. Prefiero mi forma de vida, no tendré todas esas comodidades ni estaré tan bien alimentado, pero al menos soy libre.
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. (Lucas 6:31)
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